14 abr 2010

Furia de titanes (I): Lionel Messi

A veces es difícil reconocer la excelencia, aún cuando la tengamos delante de nuestras narices (como les pasa a algunos del Madrid), en cambio, en otras ocasiones es difícil escapar a la fascinación que nos produce ver (no hay peor ciego que aquel que no quiere ver) todo aquello que puede llegar a hacer en un campo de futbol.
Este chaval es fantástico.



A Messi se le admira, como jugador y como persona, y es tan excepcional este chaval, que hasta su fichaje fue único.
Es tan grande esta "pulga", que tiene el mundo rendido a sus pies.
Hasta el "profeta", perdón, me he equivocado de país, quería decir: hasta "Dios" lo reconoce como su hijo-heredero.
Así pues, el "Messias" nos regala milagros con la generosidad y humildad, de los puros de espíritu, de sublime e ingenua expresión (sólo hay que ver lo felíz y contento que está, tras su poker al Arsenal, vontando su valón). Messi es regalo, una bendición.


El muchacho tenía un dón, y su padre lo sabía mejor que nadie, así que lucho por su hijo al que prometió, que sería felíz, que él lo ayudaría a que pudiera exprasarse, en la cancha, con su dón. Y así, el niño creció felíz y confiado, en su padre, en su dón. Y hoy se muestra agradecido, con su padre y, en paz con su dón.

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